miércoles, 22 de septiembre de 2010

Don Ignasi Guardans y El Salón del Automóvil




Aunque no suelo llevar cuenta de los asuntos de la actualidad, me han mandado un comentario que me parece interesante. Con gusto le hago sitio entre estos legajos. Ahí va:




Qué buenos ratos nos hace pasar don Ignasi Guardans, director del ICAA, con sus declaraciones. Las últimas datan del día 20 de septiembre, en el transcurso del Festival de Cine de San Sebastián, durante una entrevista que concedió al periodista Gregorio Belinchón sobre el momento actual del cine español. En el titular se aseguraba, un tanto enigmáticamente, que “Este Festival debe repensarse”.

Una en su humildad se pregunta cuál será el motivo que lleva a don Ignasi Guardans a querer “repensar” el Festival más antiguo y prestigioso de España, el único de clase A que existe en nuestro país. En todo el mundo sólo hay otros tres de la misma categoría. El más importante es el Festival de Cannes, en cuyo artículo I del Reglamento se establece: “El Festival de Cannes tiene como objetivo, dentro de un espíritu de amistad y de cooperación universal, revelar y otorgar su justo valor a las obras de calidad, con el fin de servir a la evolución del arte cinematográfico y de favorecer el desarrollo de la industria del cine en el mundo”.

Y con un reglamento en el que cabe el idealismo de premiar la evolución del arte dentro de un espíritu de amistad y solidaridad, no parece que le vaya mal.

Las intenciones de don Ignasi, en el fondo, están claras. Dejémonos de bobadas y pongámonos a hacer negocios. Y para ilustrar sus planes echa mano a sus recursos poéticos y nos sorprende con una metáfora de altura: “Hay algo en común entre un Festival de Cine y un Salón del Automóvil”. Tal vez tenga arranques de mal genio con los cineastas que se rebelan contra su Orden de Desarrollo de la Ley del Cine, pero a Guardans no se le puede negar un singular sentido del humor. La comparación entre un Festival de Cine y un Salón del Automóvil todavía da más de sí: “Son eventos presenciales que cada vez más se llevan el negocio al Internet.” Eso sí, reconoce que entre ambas “ferias” (sic) existen ciertas diferencias, (o más bien inconvenientes, se diría por el contexto) aunque se pueden sobrellevar: “Obviamente el cine es diferente, porque hay jurados, por ejemplo -(¡vaya por Dios! Nobody is perfect!)-. Pero en general son lugares de encuentro de un negocio”. Y más adelante, ante la pregunta de si es cierto que el Festival va a sufrir recortes presupuestarios, Guardans afirma que no habrá más remedio que aplicarlos, ya que el propio ICAA verá reducido su presupuesto, de modo que aferrándose de nuevo al símil más cercano a sus intereses y a su corazoncito, nos ilustra: “los coches tienen cuatro ruedas del mismo tamaño, y nosotros adecuaremos nuestro tamaño a las otras tres ruedas”.

No queda ahí la cosa. Cuando el entrevistador le habla de su proyecto “más querido”, el de llevar a cabo la digitalización de las salas, él le corrige: no es que sea su proyecto más querido, es que hay que hacerlo. “Me gusta compararlo con la transición de la gasolina con plomo a sin plomo. Más vale preparar los coches, porque los carburantes, los formatos de las películas, van a cambiar ya. España va muy retrasada”.

Desde su punto de vista, queda claro que cualquier institución o acontecimiento que convoque a un público numeroso es comparable al Salón del Automóvil; de modo que los Altos Gestores Culturales de dichas instituciones no son más que la versión ejecutiva de una moderna Feria de Tratantes de Ganado. Muchos deberían aprender, pues, de don Ignasi. Que sepa, por ejemplo, el Director del Museo del Prado, que es mejor “repensarse” su rendimiento a día de hoy, ya que la circunstancia de que el Museo sea el más visitado de España lo convierte en un lugar de encuentro para los negocios. Por mucho que digan los amantes de cuadritos de “escaso valor cultural” que merece la pena colgarlos en sus paredes, si nadie conoce ni los nombres de sus autores, aquí no estamos para patrocinar galerías benéficas, señores: esto es business. Así que suprimiendo salas y exponiendo los más lienzos conocidos y vistosos, se recortan gastos y se frena el desperdicio de espacio y de recursos. Más Delacroix, más Murillos de colorines, que son los que le gustan a la gente; más firmas y menos extravagancias: nada de Vermeers con mujeres de espaldas que no se ven ni con lupa; nada de pinturas negruzcas y desagradables de Goya, ni de viejas de Velásquez comiendo huevos fritos... fuera. Hay que elegir cuadros llamativos, de doce o catorce caballos, a ser posible descapotables, ecológicos y, sobre todo, sostenibles.

Bien pensado, mejor que don Ignasi hable de coches, que de eso sí parece que entiende. ¡Qué gran jefe de ventas se está perdiendo el sector de la automoción!

sábado, 18 de septiembre de 2010

Hasta los mendengues


Qué bonito es decir "Estoy hasta los huevos", y sin embargo qué gran ordinariez, desafortunadamente. Con razón decía el Único Maestro Kafka: "No desesperes, aunque sea por el hecho de que no desesperas".

"Hasta los huevos": una frase simple y redonda, que incluye en sí misma el habla popular, la catarsis de la tragedia griega y una figura poderosísima del lenguaje; aunque, injustamente, está proscrita del bien decir, a menos que uno se resigne al hablar parlamentario.

Resumamos finamente:
Cosas que ya no puedo soportar:
-Los que se dejan llamar "Maestro", después de que existiera en el mundo Kafka, y en el fondo de su corazón sienten que, si les dicen Maestro, es porque se lo merecen.

-Los (y las) que llaman devotamente Maestro a cualquier señor que lleve anillos en las manos y un foulard.

-los abusos a los humildes, los halagos a los poderosos, al contrario de aquel maravilloso verso de Manrique: "¡Qué altivo con los altivos/ Qué humilde con los humildes!"

-Los malos recuerdos que tienen muchos años y no desaparecen.

-Los poetas que te leen sus poemas.

-Los escritores que te leen sus relatos en voz alta.

-Las personas que te invitan a cenar para mostrarte las diapositivas de sus viajes.
(¿Las diapositivas existen todavía? Bueno, los vídeos o DVDs)

-Encontrar tampax deshechos en las playas.

-Los blogs y los blogueros (incluyendo éste que lo es).

-Los que alcanzan la fama por mediocres.

-Los que no alcanzan la fama por mediocres.

-El culto al frikismo.

-La saga "Crepusculo", y unos libros de una chica con un bidón de gasolina y hombres que no amaban a las mujeres y no sé qué problemas de la herencia de un sueco que escribió alguna de estas obras. Y, de paso, los "best sellers", en general, y los que se especializan en vampiros en particular. Estos me tienen realmente hasta los huevos.

-Cumplir obligaciones sociales.

-No cumplir las obligaciones sociales que se supone que debo cumplir. (Porque la ansiedad que me crea no me permite disfrutar del alivio que me causa).

-Las personas que de pronto te preguntan "¿Qué significa energúmeno? ¿o depredador? "

-Los amables comensales que te advierten que "tienes un poco de perejil entre los dientes".

-Los que no recuerdan tu nombre.

-Aquellos cuyo nombre no recuerdas, a pesar de que ya hace media hora que estás estrujándote el cerebro tratando de que no se te note en la conversación.

-Los que no beben alcohol.

-Los que piensan que reírse a carcajadas es un signo de mal gusto.

-Los que no llaman antes de ir a tu casa y de pronto has de atenderlos en una pocilga maloliente e interrumpen tu programa favorito de la televisión.

-Los lacanianos, los naturópatas, los budistas, los que hacen yoga, pilates o aún no saben que Lobsang Rampa era británico y jamás estuvo en la India.

-Los que, cuando pierden algo, siempre anuncian: "Me lo han robado".

-Los que traicionan sus recuerdos.



Y para terminar, confieso estar hasta los huevos de mi propia persona, dicho sea descorchando una botella de champán, sobre el podio de honor, en primer lugar y con medalla de oro.