sábado, 18 de septiembre de 2010

Hasta los mendengues


Qué bonito es decir "Estoy hasta los huevos", y sin embargo qué gran ordinariez, desafortunadamente. Con razón decía el Único Maestro Kafka: "No desesperes, aunque sea por el hecho de que no desesperas".

"Hasta los huevos": una frase simple y redonda, que incluye en sí misma el habla popular, la catarsis de la tragedia griega y una figura poderosísima del lenguaje; aunque, injustamente, está proscrita del bien decir, a menos que uno se resigne al hablar parlamentario.

Resumamos finamente:
Cosas que ya no puedo soportar:
-Los que se dejan llamar "Maestro", después de que existiera en el mundo Kafka, y en el fondo de su corazón sienten que, si les dicen Maestro, es porque se lo merecen.

-Los (y las) que llaman devotamente Maestro a cualquier señor que lleve anillos en las manos y un foulard.

-los abusos a los humildes, los halagos a los poderosos, al contrario de aquel maravilloso verso de Manrique: "¡Qué altivo con los altivos/ Qué humilde con los humildes!"

-Los malos recuerdos que tienen muchos años y no desaparecen.

-Los poetas que te leen sus poemas.

-Los escritores que te leen sus relatos en voz alta.

-Las personas que te invitan a cenar para mostrarte las diapositivas de sus viajes.
(¿Las diapositivas existen todavía? Bueno, los vídeos o DVDs)

-Encontrar tampax deshechos en las playas.

-Los blogs y los blogueros (incluyendo éste que lo es).

-Los que alcanzan la fama por mediocres.

-Los que no alcanzan la fama por mediocres.

-El culto al frikismo.

-La saga "Crepusculo", y unos libros de una chica con un bidón de gasolina y hombres que no amaban a las mujeres y no sé qué problemas de la herencia de un sueco que escribió alguna de estas obras. Y, de paso, los "best sellers", en general, y los que se especializan en vampiros en particular. Estos me tienen realmente hasta los huevos.

-Cumplir obligaciones sociales.

-No cumplir las obligaciones sociales que se supone que debo cumplir. (Porque la ansiedad que me crea no me permite disfrutar del alivio que me causa).

-Las personas que de pronto te preguntan "¿Qué significa energúmeno? ¿o depredador? "

-Los amables comensales que te advierten que "tienes un poco de perejil entre los dientes".

-Los que no recuerdan tu nombre.

-Aquellos cuyo nombre no recuerdas, a pesar de que ya hace media hora que estás estrujándote el cerebro tratando de que no se te note en la conversación.

-Los que no beben alcohol.

-Los que piensan que reírse a carcajadas es un signo de mal gusto.

-Los que no llaman antes de ir a tu casa y de pronto has de atenderlos en una pocilga maloliente e interrumpen tu programa favorito de la televisión.

-Los lacanianos, los naturópatas, los budistas, los que hacen yoga, pilates o aún no saben que Lobsang Rampa era británico y jamás estuvo en la India.

-Los que, cuando pierden algo, siempre anuncian: "Me lo han robado".

-Los que traicionan sus recuerdos.



Y para terminar, confieso estar hasta los huevos de mi propia persona, dicho sea descorchando una botella de champán, sobre el podio de honor, en primer lugar y con medalla de oro.

No hay comentarios: