

He aquí una, digamos, "particularidad de género". Aspirar a ser la musa de un famoso es propio del género femenino.
¿Existen los "Musos"? Nadie habla de ellos. Yann, el último gran amor de Marguerite Duras, por ejemplo, es ante el mundo solamente el último gran amor de Marguerite Duras. ¿Alguien se imagina a Juan Carlos Onetti siendo calificado como el "Muso" de Idea Vilariño? ¿O a Salvador Dalí y Paul Eluard como "Musos" de la inefable Gala?
Sin embargo las mujeres adoran ser, como mínimo, musa de cabecera de un poeta. O de un filósofo, o de un pintor, o del portero de la selección española de fútbol. Hace poco leí que una escritora era, incluso "Musa de Musas", especializada, naturalmente, en ejercer su divina influencia sobre personajes ya consagrados que no necesitan la asistencia de musa alguna. Pero ella parecía feliz habiendo alcanzado el preciado título, condecoración a su encanto y su belleza, a su inteligencia sin fin y sin recato. Es obvio que, en este caso, la admiración ajena le despierta una enorme voracidad; tanta, que nunca tiene suficiente; incluso, como la luna, se contenta con recibir el eco del brillo de la persona a la que acompaña con tal de que algo se le pegue. A decir verdad es un rasgo que forma parte del signo de los tiempos, aunque se acentúa en unas más que en otros.
¿Quién empezaría con esta moda de prenderse los méritos del hombre ilustre en el escote como si fueran un adorno propio, un broche, o una flor en el pelo, y de atribuir los éxitos del amigo o del compañero a la influencia benéfica de su compañía? Vanidad de Vanidades. ¿Sería George Sand, quizás? ¿O Lou Andreas Salomé, modelo básico de nivel I para las que aspiran a licenciarse en Musa de Cámara de Personajes Perdurables? ¿O yendo más atrás, serían tal vez las salonnières de antaño, que tendían sus redes con objeto de atrapar cuanto poeta, pensador, músico o incluso criminal de moda pudiera realzar su personalidad, la decoración de su recibidor, su reputación o su tocado?
"Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio..."
En el inicio de la Odisea, la Musa a la que invoca Homero tiene una especie de función secretarial: recuérdame las hazañas de Ulises, apúntame los detalles... no me dejes olvidar. No en vano, las Musas son hijas de la diosa de la Memoria. Nunca son ellas la responsable del amor o del dolor o del valor del héroe, sino puros recordatorios, puentes entre los conocimientos y los sentimientos del propio autor; en cierto modo sirvientas o casamenteras entre el genio y la obra. De hecho fueron llamadas "buscadoras", puesto que era su tarea mayor buscar el término, la nota, el argumento, el dato, el paso o la estrella perdida...
Durante el modernismo, sin embargo, Rubén Darío, comparando la relación del poeta y la musas con el famoso episodio de la violación de Leda por el cisne/Zeus, considera a las musas como una materia moldeable para la creación, a la que da vida el hombre todopoderoso en el momento en que las posee. O así lo interpretan "las" exégetas del asunto. Con lo cual se perpetuarían los papeles históricos de la división de géneros y el feminismo quedaría, una vez más reivindicado.
Pero, si esa fuera la interpretación correcta, ¿por qué tantas mujeres se derriten cuando las llaman "Musas"? Y hablo de mujeres políticamente señaladas, comprometidas: Ana Ajmátova, Elsa Triolet, Misia Sert... Sin contar con el producto nacional, a veces sonrojante. No; es obvio que nuestras musas modernas se han arrogado un papel distinto: de ellas mana la inspiración y el canto. Ellas son el origen de la elevación y de cualquier cualidad necesaria para que el autor, puro médium en trance, transcriba su pensamiento divino. Y, por supuesto, acaparan en su etérea tutela las funciones que antes se repartían entre las siete hermanas, sobre todo si han alcanzado el grado de "Musa de Musas", que debe ser el no va más, como el de Almirante de la Armada. Ellas solas reúnen las múltiples funciones de las pobres divinidades antiguas, confinadas a sus distintos negociados:
- Calíope se encargaba de la poesía histórica, y a ella se le debía el recuerdo de gestas como la Odisea, la Ilíada o la Eneida.
- Clío, solapándose en cierto modo con la anterior, presidía la historia y las grandes hazañas.
- A Melpómene le tocó la tragedia. Sería la antecedente, tal vez, de investir de prestigio a la vulgar mala leche de la tipeja a la que muchos poetas conocen por el nombre de femme fatale.
- Talía era la musa de la comedia, y por eso se vestía con ropas ridículas, haciendo lo que en la actualidad llamaríamos el payaso.
- Euterpe paseaba por el mundo con su flauta (no consta si la acompañaban perros pulgosos), puesto que era la encargada de la música; y a sus sones brillaba Terpsícore , musa de la danza.
- Erato, fuente de la poesía amorosa y lírica, sigue siendo sin duda aquella a quien todas las chicas querrían quitarle el puesto.
-Polimnia la pensativa no parecía muy sociable ni muy reconocida, en su empeño por defender la poesía sagrada.
- Y Urania, musa de la astronomía, se representaba con un globo terráqueo y un compás para medirlo.
Y ahora... Es bien triste comprobar que en este siglo destinan tantos esfuerzos en su campaña para atrapar al famoso que las adopte como Musa, con tal de convencer a los demás de que son únicas y maravillosas, para que luego el ser elegido, aquél sobre quien ellas derraman su inigualable don, escriba versos o canciones como ésta:
"Los begin the begin cuando terminan
estilo Lauren Bacall dicen que no.
Qué putas son las musas de las esquinas,
siempre acaban con otro mejor que yo.
Qué zócalo en el alma, viva Chavela,
elemental, dear Watson, traduzca usted.
Crimen en Maracaibo, nueva novela
de Paco Ignacio Taibo, sale este mes."
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