
¿Lo conocéis?
Lo pintó Brueghel el Viejo.
La capa negra, el rostro oculto, la sensación que desprende de que todo lo humano le es ajeno. Envidiable personaje, absorto en sí mismo, indiferente a las burlas y al hostigamiento de los otros, feos seres como reptiles a los que ni siquiera ve. No como el célebre Diógenes de Sínope, que se defendía de los chiquillos que lo molestaban sacando la cabeza del tonel en que vivía, a gruñidos y mordiscos, como un perro.
Tampoco se parece a Cnemón, el misántropo de la obra de Menandro, que recibía a pedradas a los pretendientes de su hija. Pero el griego Menandro, que cuando la escribió sólo tenía 26 añitos, al final se decidió a redimir a su insoportable personaje, lo obligó a claudicar y lo hizo admitir "el error" de la soledad.
El protagonista del cuadro de Brueghel no haría eso. En su jardín abandonado jamás crecerían las rosas absurdas del consuelo. A él podríamos acercarnos sin temor a escuchar frases como "Ya vendrán tiempos mejores", "Es ley de vida", "Tómalo por el lado bueno"....
Mirándolo, uno comprende que los viejos carecen de ángel de la guarda.
También Molière escribió una obra que se llamaba "El Misántropo". Aunque tenía un subtítulo: "El Misántropo o el atrabiliario enamorado". En ella, el joven Alceste se las arregla para fracasar en todos sus empeños, especialmente, claro, en el amor; de modo que parte "para buscar sobre la tierra un apartado lugar, donde se pueda ser hombre de honor libremente".
Si alguien conoce ese lugar le ruego que me lo dibuje en un mapa.
Por cierto que a Molière, que además de misantropía padecía de hipocondria, los dioses le gastaron la simpática broma de fulminarlo en plena representación, cuando interpretaba la caricatura del hipocondriaco por excelencia en "El enfermo imaginario".
En una ocasión el autor dejó escrito: "Tal vez sea mejor intentar eliminar definitivamente las pasiones que esforzarse en suavizarlas o corregirlas".
No obstante, Jean-Baptiste Poquelin, como tantos otros misántropos de orden, creía en la risa. Mis favoritos son los misántropos que terminan resultando humoristas sin querer.
Como Cioran. Sus aforismos -los misántropos aman el aforismo- a veces son chistes de primera calidad. Desde los más profundos, como ese tan conocido de "Si Dios se lo debe todo a alguien, es a Bach" hasta los más ligeros: "Sólo se suicidan los optimistas". Y qué decir de los hermosos títulos de sus libros: "Breviario de podredumbre", "Del inconveniente de haber nacido", "Ese maldito yo"... Al fin y al cabo, Cioran había nacido en Transilvania.
Este repaso levanta el corazón. Continuará.
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