sábado, 16 de enero de 2010

Los peligros de la soltería



Este señor es Hölderlin

Este de aquí, Lacan, dando clase.


Y aquí, el peligroso funcionario Huysmans.



Acabo de leer en un ensayo estupendo de Francisco Domínguez, de la Universidad de Zaragoza, que un Dr. Tardieu, a finales del siglo XIX, dirigió una carta al Señor Ministro de Finanzas de Francia proponiéndole la creación de un impuesto sobre el celibato.

Y cita el mismo autor, a quien agradezco su ameno estudio, el dictamen de un médico de la época sobre los peligros que supone la figura del soltero para la comunidad:

"No contento con faltar a su deber, a menudo busca cómplices, y tiende a corromper todo su entorno; dentro de la sociedad constituye una causa incesante de desórdenes, desgracias y depravación".





El ensayo del profesor Domínguez se refiere a un peligrosísimo ejemplar de misántropo: Huysmans, el célebre autor de "Al revés". Y en él se detallan las degeneradas costumbres del escritor que, como Kafka, Melville o Pessoa (con quienes tendremos que tropezarnos cualquiera de estos días), era un oficinista, y publicaba sus novelas con un seudónimo que consistía en una traducción de su propio nombre al holandés.


Por ejemplo, uno de los abominables rituales en que consistía la vida de Huysmans era la búsqueda de un buen restaurante barato (y no demasiado sucio) para almorzar todos los días. Tremenda la tristeza que le sobrevenía cuando, tras haber establecido la costumbre de sentarse siempre en la misma mesa, el solterón la encontraba ocupada.


No comparto las conclusiones psicoanalíticas del autor de este ensayo (¿y a quién puede importarle que yo las comparta o no?), especialmente cuando saca a relucir al dichoso Lacan y a Karen Horney, a Simone de Beauvoir explicando el miedo masculino a la sangre menstrual y a otros varios doctos inventores de principios teopsicológicos o psicodogmas de cuyas formulaciones, ay, disiento. Pero qué hermosa es su argumentación y qué cuidadoso su incisivo criterio a la hora de investigar y recopilar datos extraños y dignos de elogio.


Más que la explicación del complejo de Edipo, o de culpa, o de castración, que lleva a un misántropo a serlo, me interesan los mecanismos de mantenimiento a ultranza de su conducta, en un mundo que no ha cambiado tanto desde que, hace dos siglos, un ciudadano de pro exigiera a la Hacienda Francesa cobrar una tasa a los solitarios. Me interesan sus rituales, su comportamiento, y los frutos de que de él se obtienen.

Me interesa lo que encierra el verso de Hölderlin (aunque no se debe confundir loco con misántropo):

"Cuanto más es uno
se destina a lo extraño"
Misterioso, ¿verdad?






No hay comentarios: