"¿Cuáles son las mejores maneras de suicidarse?"
Había 390.000 entradas. Y eso solamente en español. Si imaginamos que puede haber otras tantas en chino, en inglés, en algunos cuantos de los miles de dialectos hindúes o africanos, en japonés (donde el asunto es tan baladí como ir de copas) o en la Francia atribulada de Telecom, podemos suponer que habrá como un par de millones de criaturas pidiendo por ahí opinión acerca de cuál es el atajo más cómodo para apearse de este mundo y que le vayan dando.
Sin embargo, resulta decepcionante comprobar que estos suicidas en potencia en realidad muestran una deleznable tendencia a permanecer en el planeta que dicen odiar. Todos ellos están dispuestos a confesar sus razones en público (cosa que el suicida de pro siempre ha evitado con pundonor torero, dejando a lo sumo una nota concisa y dirigida a una persona de su confianza); y, lo que es peor, sospecho que estos cibernecrófilos desean dejarse convencer para cambiar de idea. Su falta de determinación es bochornosa comparada con el pulso de Larra, con la indiferencia de Sócrates ante la cicuta, con el morbazo que le echó al asunto Cleopatra, con la poética ritualización de Mishima y en fin, con el sinfin de narcisistas que hicieron de su mutis por el foro de este mundo un último gesto de autoestima y nonchalance .
Con todos mis respetos para los dolientes que planean a solas el alivio de tanto hartazgo, de tanta iniquidad y tanto morro, a los que no pretendo dar razones para continuar con sus propósitos, digo esto po
rque me cuesta trabajo sentir el abandono de quienes piden a la Red que los ampare para llegar de la manera más dulce a la morada de la vieja Tanatos, a la que ni siquiera conocen. En pago de su indecisión reciben respuestas y argumentos como éste: "tienes que salir adelante, vale, lo estarás pasando mal, pero piensa que en un futuro todo irá mejor,mirarás atrás y verás esto, y fijo que le darás gracias a Dios por no haberlo hecho". Una de estas Consolatrix Aflictiorum ofrece un argumento que no tiene desperdicio: "Me han dicho que los que lo hacen, luego se arrepienten". Genial ¿no?Lo que es infrecuente es que alguien, sin sorna ni demasiada solemnidad, responda con naturalidad a la pregunta. Como Ana Paula:
"Imbéciles, yo también he tratado de hacerlo pero sólo de pensarlo en serio me cago de miedo de pensar que me pueda doler, soy muy sensible al dolor y no soportaría quedar medio viva aguantando los reproches de todo el mundo, y el ridículo que haría en el barrio y en la familia. Feliz suicidio idiotas".
O también Ángela:
"La única manera que se me ocurre de morir sin sufrir para la gente que lo desea así es encerrarse con una estufa en una habitación, pero yo no sé encender una estufa, así que habré vivido sufriendo y moriré sufriendo"
Jesús Caracas le saca partido a la ola depresiva:
"Chicos, yo suicido a domicilio. Páguenme por adelantado y los suicido (sólo pago en efectivo, nada de cuotas). Tengo el carnet de suicidador profesional de depresivos. Absoluta privacidad. Si no sabes escribir una carta de despedida te ayudo a redactarla. O la puedo recitar con mandolinas cuando encuentre a tu primer pariente".
Personalmente mi suicida favorito fue siempre el actor George Sanders, a quien en el último momento no le faltó ni la decisión, ni la inspiración, ni la determinación, ni el sentido del humor. Su nota póstuma decía escuetamente: "Me aburro".
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